miércoles, 18 de febrero de 2009

!Ánimo, ya queda menos!

Estimados alumnos:
En esta ocasión, me pongo en contacto con vosotros para saber cómo os va.
Antes de que mi compañero Samuel me pusiera el contador de vivistas ignoraba si alguien leía lo que estaba escribiendo. Sin embargo, no sé si os está sirviendo de ayuda. Por ello, os agradecería que, a través de este blog, me manifestáseis vuestra opinión. Por ejemplo, si desearíais otro tipo de información o que os indicara distintas formas de presentar el debate, cómo se podría matizar el "sí" o el "no" a la pregunta del debate, etc.
Espero vuestra participación. Un saludo.
Conrado Herrero

lunes, 16 de febrero de 2009

8. Un alto en el camino

Creo que ha llegado el momento de hacer un resumen de lo que, hasta ahora, se ha escrito en este blog.

En el primer documento, aclaraba cuál es el objeto del debate, cuyo título es ¿Somos iguales los hombres y las mujeres? Hubiera sido más claro plantearlo de la siguiente forma: ¿somos iguales los hombres y las mujeres o somos diferentes? Como un grupo tiene que defender el “sí” y el otro el “no”, lo dejamos tal como hasta ahora lo hemos venido planteando. Lo importante aquí es la distinción entre lo que serían diferencias naturales y diferencias culturales. (Os recomiendo si alguien no lo tiene claro que lea este primer documento).

El breve texto de J. S. Mill (documento nº 2) , echa la culpa de la “inferioridad” de la mujer a la falta de libertad para autodirigirse. Si la mujer –dice Mill- hubiera gozado de la misma libertad que el varón, “… no habría ninguna diferencia importante, o incluso ninguna diferencia en absoluto en su carácter y aptitudes”

El documento 3 (Kant), por el contrario, pone el énfasis en las diferencias entre el hombre y la mujer. Deja bien claro que, a su juicio, estas diferencias no son culturales sino naturales. Precisamente, la educación ha de tener en cuenta estas diferencias para que cada sexo reciba lo que sus respectivas naturalezas demandan. Las cualidades propias son la inteligencia , lo profundo, la seriedad, lo sublime, en el varón; y el gusto , la ternura, la delicadeza, lo bello, en la mujer. Esta oposición es la causa de la atracción entre los sexos y tiene como finalidad formar “una persona moral única”.

Montserrat Roig (el documento que debiera tener el nº 4) critica a una buena parte de los científicos por verter sobre sus investigaciones sus prejuicios machistas. De una u otra manera, llegaron a la conclusión de la inferioridad intelectual de la mujer con respecto al varón. En ellas, decían algunos, domina el sentimiento frente a la razón. No todos los científicos han pensado de igual manera. Para este grupo, lo único diferente en nosotros es la fisiología. Cita los trabajos de la famosa antropóloga Margaret Mead que descubrió que en otras culturas las mujeres tenían un comportamiento similar al del hombre occidental.

“También cambian los hombres” (documento 5) es el título que puse a un artículo (que, por cierto está, en parte, repetido) de un diario de Tucumán. En él se describe a un nuevo hombre: cuida de los niños y comparte las tareas del hogar, manifiesta sus sentimientos, llora, cuida de su salud, acude al gimnasio, usa productos de belleza y se anima a ir al quirófano para mejorar su estética.

Una feminista (Mariví González) no está de acuerdo con que escribiera que de igual manera que la mujer se ha ido masculinizando, el hombre se ha ido feminizando. Con ello quiero decir que los roles masculino y femenino se han ido acercando, no sólo en las tareas del hogar o profesionales , sino en la conductas y la expresión de los sentimientos.

“Guapas, cariñosas…” (documento 6) . Si en el documento anterior hablábamos de un nuevo hombre, aquí parce que se retrocede al hombre tradicional. Un hombre que estaría asustado ante una nueva mujer competitiva, independiente, exigente, segura de sí misma… (¿os dais cuenta de que estos rasgos formaban parte del rol hombre?) Y algunos hombres, “¿añorantes de los viejos buenos tiempos del dominio total? (se pregunta el autor del artículo) lo que quieren son mujeres sumisas y complacientes de otras culturas.

Del último documento, hasta ahora, lo que resaltaría es la afirmación de que somos andróginos (¡qué mal suena!), lo que la autora presenta como un ideal : la posibilidad de alcanzar las dos partes de la propia personalidad, masculina y femenina. Sin embargo, Friedan afirma su convicción de que hombres y mujeres somos diferentes.

viernes, 13 de febrero de 2009

Entrevista a Betty Friedam

(“El País”, 9 de septiembre de 1994)

Os reproduzco una parte de una entrevista , realizada a Betty Friedam que fue una figura central del movimiento feminista estadounidense. Tenía, entonces, 72 años. Y a Elisabeth Badinter, escritora e intelectual francesa.

Pregunta: ¿Deberían las mujeres resaltar sus diferencias con los hombres o sus similitudes?

E. B. La cuestión no es que las mujeres imiten a los hombres sino que compartan la vida familiar y laboral con ellos. Mi generación dio el primer paso. Finalmente, somos capaces de expresarnos de forma viril. Durante mucho tiempo, las mujeres no fueron capaces de hablar así. Era imposible conseguir algo sin esa faceta de la lucha. La generación de mi hija, mujeres de menos de 30 años, está comenzando a recuperar su feminidad sin abandonar el privilegio de demostrar su virilidad […] Hay dos tipos de feminismo: un feminismo diferenciador , y otro universalista que cree que las similitudes entre los sexos son mucho más importantes que sus diferencias. ¿A cuál pertenece usted?

B. F. Yo estoy por la igualdad, no porque las mujeres estén al servicio de los hombres. Pero, por otra parte, creo que no puede haber igualdad real sin reconocer ciertas diferencias. Las mujeres deben ser capaces tanto de expresar su agresividad como su ternura y de alimentar su faceta femenina […] Creo que estamos entrando en una etapa igualitaria que exige una visión más compleja de las personalidades masculina y femenina.

Pregunta: ¿Creen que vamos a entrar en un siglo XXI en el que los valores femeninos serán preeminentes?

E. B. No tanto para los hombres como para las mujeres, el siglo próximo se concentrará en alcanzar la androginia, esto es, la posibilidad de expresar las dos partes de la propia personalidad. Creo, como Freud y otros , que el ser humano es psíquicamente bisexual, masculino femenino. Según las circunstancias de la vida, pones en funcionamiento tu feminidad (en la maternidad o en las relaciones sociales) o tu masculinidad (cuando ejerces el poder). No será un siglo femenino.

B. F. Estoy de acuerdo, aunque no me guste la palabra androginia, que suena tan asexuada.
Estamos avanzando hacia una afirmación maravillosamente diversa de fuerza y vulnerabilidades, y de diferencias y similitudes de hombres y mujeres. Es una liberación maravillosa tanto para los hombres como para las mujeres. Nunca he creído que deba existir una contradicción entre feminismo y feminidad. Los expertos masculinos no me pueden decir qué es la feminidad. La feminidad es lo que yo soy y todo lo que yo soy. También los hombres necesitan liberarse de la máscara de hierro del machismo quizá más aún que las mujeres porque no pueden vivir así en nuestros tiempos. Los hombres han sido educados de acuerdo con la definición machista de la dominación masculina, la supresión de los sentimientos, sus resultados en la carrera de la competitividad, y su habilidad para evitar someterse.

Pregunta: Me pregunto si avanzamos hacia una era en la que habrá cooperación entre hombres y mujeres o, al revés, enfrentamiento.Entrevista a Betty Friedam
(“El País”, 9 de septiembre de 1994)
Os reproduzco una parte de una entrevista , realizada a Betty Friedam que fue una figura central del movimiento feminista estadounidense. Tenía, entonces, 72 años. Y a Elisabeth Badinter, escritora e intelectual francesa.
Pregunta: ¿Deberían las mujeres resaltar sus diferencias con los hombres o sus similitudes?
E. B. La cuestión no es que las mujeres imiten a los hombres sino que compartan la vida familiar y laboral con ellos. Mi generación dio el primer paso. Finalmente, somos capaces de expresarnos de forma viril. Durante mucho tiempo, las mujeres no fueron capaces de hablar así. Era imposible conseguir algo sin esa faceta de la lucha. La generación de mi hija, mujeres de menos de 30 años, está comenzando a recuperar su feminidad sin abandonar el privilegio de demostrar su virilidad […] Hay dos tipos de feminismo: un feminismo diferenciador , y otro universalista que cree que las similitudes entre los sexos son mucho más importantes que sus diferencias. ¿A cuál pertenece usted?
B. F. Yo estoy por la igualdad, no porque las mujeres estén al servicio de los hombres. Pero, por otra parte, creo que no puede haber igualdad real sin reconocer ciertas diferencias. Las mujeres deben ser capaces tanto de expresar su agresividad como su ternura y de alimentar su faceta femenina […] Creo que estamos entrando en una etapa igualitaria que exige una visión más compleja de las personalidades masculina y femenina.
Pregunta: ¿Creen que vamos a entrar en un siglo XXI en el que los valores femeninos serán preeminentes?
E. B. No tanto para los hombres como para las mujeres, el siglo próximo se concentrará en alcanzar la androginia, esto es, la posibilidad de expresar las dos partes de la propia personalidad. Creo, como Freud y otros , que el ser humano es psíquicamente bisexual, masculino femenino. Según las circunstancias de la vida, pones en funcionamiento tu feminidad (en la maternidad o en las relaciones sociales) o tu masculinidad (cuando ejerces el poder). No será un siglo femenino.
B. F. Estoy de acuerdo, aunque no me guste la palabra androginia, que suena tan asexuada. Estamos avanzando hacia una afirmación maravillosamente diversa de fuerza y vulnerabilidades, y de diferencias y similitudes de hombres y mujeres. Es una liberación maravillosa tanto para los hombres como para las mujeres. Nunca he creído que deba existir una contradicción entre feminismo y feminidad. Los expertos masculinos no me pueden decir qué es la feminidad. La feminidad es lo que yo soy y todo lo que yo soy. También los hombres necesitan liberarse de la máscara de hierro del machismo quizá más aún que las mujeres porque no pueden vivir así en nuestros tiempos. Los hombres han sido educados de acuerdo con la definición machista de la dominación masculina, la supresión de los sentimientos, sus resultados en la carrera de la competitividad, y su habilidad para evitar someterse.
Pregunta: Me pregunto si avanzamos hacia una era en la que habrá cooperación entre hombres y mujeres o, al revés, enfrentamiento.
B. F. La próxima etapa no es de mujeres contra hombres. Tenemos que movernos hacia una visión más amplia del bien común, superando las definiciones restringidas de la cultura de la ambición, de los beneficios, del éxito, de una juventud obsesionada por la sexualidad.[…]
E. B. A la larga, soy optimista. Las mujeres nunca renunciarán a lo que les ha costado 30 años conseguir. Todo el problema reside en convencer a los hombres para que sigan avanzando por el sendero de la igualdad sin romper las negociaciones. Nuestra sociedad, finalmente, aceptará que el hombre el igual a la mujer, en la familia y en el lugar de trabajo.

B. F. La próxima etapa no es de mujeres contra hombres. Tenemos que movernos hacia una visión más amplia del bien común, superando las definiciones restringidas de la cultura de la ambición, de los beneficios, del éxito, de una juventud obsesionada por la sexualidad.[…]
E. B. A la larga, soy optimista. Las mujeres nunca renunciarán a lo que les ha costado 30 años conseguir. Todo el problema reside en convencer a los hombres para que sigan avanzando por el sendero de la igualdad sin romper las negociaciones. Nuestra sociedad, finalmente, aceptará que el hombre el igual a la mujer, en la familia y en el lugar de trabajo.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Guapas,cariñosas y poco exigentes

(Éste es el título de un artículo firmado por José Manuel Blanco, escrito en “El País”, con fecha de 29 de Septiembre de 1994)

Iniciaba este blog señalando la desorientación que la nueva mujer estaba provocando en los hombres. En este artículo el autor pone de manifiesto que los hombres norteamericanos (¿y los europeos?) sienten miedo ante una mujer independiente, competitiva, segura de sí misma… y buscan mujeres sumisas y complacientes, pertenecientes a otras culturas.

“Calvin es un norteamericano [… ] que ya ha cumplido los treinta años [… ]Ha tenido varias novias, pero todas las historias han terminado mal [… ] Sigue buscando hasta que da con una oferta sorprendente: una agencia de contactos diferente a las habituales.

La agencia ofrece rusas –guapas, cariñosas, poco exigentes- dispuestas a casarse con norteamericanos… Casos tan reales como éste son relativamente frecuentes en EEUU y obligan a plantearse la pregunta de si los norteamericanos de 30 a 45 años se sienten a disgusto con las mujeres de su generación , o si tienen, sencillamente, miedo de ellas y prefieren buscar en culturas más tradicionales antes de comprometerse con personas que han alcanzado niveles importantes de igualdad e independencia. “El nuevo papel de las mujeres confunde a los hombres, y la competencia con ellas les da miedo en muchas ocasiones”, cree Elisabeth Tobias, una ejecutiva de 35 años dedicada a la mecadotecnia en una empresa de San Luis.

Una abundante literatura feminista ya ha teorizado el resentimiento del hombre por las conquistas profesionales y sociales de las mujeres, resentimiento que se expresa a la perfección en frases como ésta: “Las mujeres de éxito están casadas con sus carreras. Muchos hombres creen que no están recibiendo atención por parte de las mujeres”. Warren Farrell, el hombre que se lamenta de esta forma, es un feminista, de primera hora luego arrepentido, pionero de los movimientos masculinos de liberación y el autor del libro Por qué los hombres son como son. Farrell sufrió en sus carnes lo que denuncia: su ex mujer, una alta ejecutiva de IBM, le abandonó para casarse con otro directivo de la empresa.

[…]Los cambios ya consolidados del papel de la mujer en la sociedad y la reacción de los hombres ante esos cambios -desde el antifeminismo más o menos encubierto hasta la pasividad y la huida del compromiso- suponen serios problemas de relación personal: “Muchas mujeres sienten como un fracaso su vida afectiva, están muy insatisfechas con las relaciones que mantienen con sus parejas. Solteras o casadas , se quejan de lo mismo: muy deficientes relaciones afectivas”, dice Asunción Sanz […]

La generación de hombres a partir de los 30 años, según la periodista y escritora Bárbara Ehrenreich, ha hecho tres descubrimientos que le permiten resistir firmemente el compromiso serio con su pareja: se las arreglan muy bien viviendo solos y les gusta decorar sus apartamentos y hacerse la comida; creen que hay mejores cosas en las que gastarse el dinero que una familia y, por último, se han dado cuenta de que las imágenes negativas de inmadurez e irresponsabilidad o de ambigüedad sexual que acompañaban a los hombres solos han cedido el paso a elementos de prestigio, como la independencia o la disponibilidad. Todo ello, junto a las inseguridades provocadas por los avances profesionales de las mujeres y sus exigencias afectivas, sugiere Bárbara Ehrenreich, en su artículo Por fin, un hombre nuevo, justifica el repliegue y la pasividad de los hombres, que prefieren –cuenta como anécdota- quedar con una chica a tomar una copa antes que a cenar, porque lo primero implica un grado de compromiso mucho menor por su parte.

“Claro que esos hombres tienen miedo de las mujeres, pero no lo dirán jamás… asegura Asunción Sanz, que cree que los norteamericanos intensifican sus relaciones con el medio que les rodea y con el trabajo, pero no hacen lo mismo con sus parejas y tienden a buscar modelos diferentes: “No hay que ir tan lejos, como en el caso de las rusas; las latinoamericanas tienen gran éxito”.

[…] las relaciones entre hombres y mujeres han cambiado profundamente en la última década. Los criterios que definían esas relaciones se han fragmentado y facilitan la desorientación. “¿No era todo mucho más fácil cuando se suponía que había que seguir al hombre de ciudad en ciudad, a donde le llevara su carrera profesional?”, lamenta Kerri, una abogada de Nueva York, de 27 años.

¿Agresivas, insatisfechas, aterrorizadoras de hombres? ¿Resentidos, evasores de sentimientos y responsabilidades, añorantes de los viejos buenos tiempos del dominio total? La sociedad norteamericana es suficientemente compleja como para evitar las generalizaciones sobre cualquier cosa, incluidos los estereotipos de hombres y mujeres y sus relaciones. Pero son cada vez más frecuentes los análisis que, como los de Bárbara Ehrenreich, recogen la perplejidad de las mujeres ante la ansiedad y la inseguridad de los hombres, y la dificultad de esas mujeres para definir su nuevo papel y sus pautas de comportamiento.

jueves, 5 de febrero de 2009

También cambian los hombres

En los documentos anteriores a éste se ha hecho referencia a la forma de ser del hombre y la mujer. En esta información que encontré a través de internet se habla del nuevo hombre. Si os dais cuenta, al igual que la mujer se ha ido masculinizando el hombre se ha ido feminizando. Por supuesto lo digo con respecto a los roles tradicionales.

Viernes 9 de Enero de 2009
Información General
TENDENCIAS EMERGENTES
Viernes 9 de Enero de 2009
Información General
TENDENCIAS EMERGENTES
El hombre del siglo XXI cuida a los hijos y se anima a llorar
Hace tres décadas hubiera resultado impensable ver a un padre tucumano cambiarle los pañales al bebé. La salida de la mujer al mercado laboral.

El escritor Sinay propone dejar de lado lo que él ha dado en definir como masculinidad tóxica .
Sentado en un bar céntrico, José Luis Raya (30) ensaya mil y una muecas para robarle una sonrisa a su pequeño hijo José Ignacio, de tres meses. “Cuido a Nacho desde que nació, así su mamá puede ir a trabajar, salir a tomar algo con sus amigas o ir de compras”, contó Raya. Este padre primerizo también cambia pañales y deleita a sus familiares y amigos con sabrosas paellas. Pero reconoce que no se anima a limpiar el desastre que deja después de cocinar.Los hombres tucumanos van cambiando lentamente sus hábitos machistas. El ámbito familiar, que antes era terreno exclusivo de las mujeres empieza a ser prioridad para los varones.Tareas hogareñas tales como cocinar, lavar y planchar la ropa, asistir a reuniones del colegio de los hijos, cuidarlos o llevarlos al médico son tan sólo algunas de las actividades en las que la nueva masculinidad se manifiesta. “No se trata de imitar a las mujeres, sino de hacerlo a su manera, sin resignar a sus características varoniles”, señaló Amelia del Sueldo Padilla, sexóloga.
Cambio de roles“Esta tendencia muestra que los hombres han dejado de ser sólo proveedores económicos de la familia para cumplir un rol mucho más activo, sensible a las necesidades del hogar. Esto se debe a la mayor participación de la mujer en el ámbito laboral, lo que obligó a las parejas a dividir las tareas de la casa”, aseguró Manuel Andújar, psicoanalista.Hasta hace poco tiempo era sinónimo de debilidad ver a un hombre demostrar sus sentimientos o emociones. Ser fuerte y duro ante todo tipo de situaciones era una requisito impuesto para ser “macho”. En su libro “La masculinidad tóxica”, Sergio Sinay, especialista en vínculos humanos, desmitifica este paradigma y describe un modelo masculino tóxico que domina en la política, en los negocios, en el deporte, en los vínculos humanos y en las relaciones familiares. “El hombre debe salir de ese viejo rol machista que cree que todo lo puede. Esto no lo deja crecer y contamina tanto su vida como la de los que tiene alrededor”, explicó Sinay, en una entrevista con LA GACETA.Pero en la actualidad el varón se permite cada vez más mostrar lo que siente, compartir más tiempo con sus hijos y hasta disfrutar de una conversación con un amigo o con su pareja tanto como si estuviera viendo la final de un mundial de fútbol con una cerveza en mano. Mostrar el lado más sensible también tiene sus ventajas a la hora de seducir. “Cocinar es más que una simple tarea hogareña, es una poderosa arma de seducción”, comentó Martín Westphal, amante del arte culinario. Los especialistas aseguran que las mujeres sienten mayor atracción por aquellos que son capaces de desarrollar actividades que antes eran impensadas para los varones. “Que mi novio me cocine o verlo cuidar a su sobrina me da mucha ternura, me fascina”, contó Agostina Palacios, de 25 años.
Mucho machoMuchos hombres del siglo XXI son capaces de entender a su compañera, interesándose por sus gustos y preferencias, buscando estabilidad y plenitud emocional en la pareja más allá del placer.Sinay criticó a quienes creen que un hombre se mide por su rendimiento sexual. “No podemos pasar la vida haciendo demostraciones sexuales. Hay que aprender a mostrar lo que verdaderamente somos y lo que podemos dar”, sentenció el autor. Los hombres también le dan un espacio privilegiado a la salud. Se realizan controles médicos periódicos, se cuidan en las comidas, van al gimnasio, consumen productos cosméticos y hasta se animan a pasar por el quirófano para mejorar su estética.Los expertos coinciden en que este cambio de actitud se da con fuerza en varones jóvenes, especialmente de entre 25 y 40 años. Pero como todo proceso es paulatino: “No se puede hablar de un cambio general”, aseveró Sinay. “Es un proceso lento, que cada hombre debe transitar. “No todos tienen el valor para hacer aquellas cosas que antes estaban prohibidas socialemente para un hombre”, explicó el profesional. Además, advirtió que en gran medida es tarea de las mujeres facilitarles la inserción a los hombres en este nuevo mundo.
El hombre del siglo XXI cuida a los hijos y se anima a llorar
Hace tres décadas hubiera resultado impensable ver a un padre tucumano cambiarle los pañales al bebé. La salida de la mujer al mercado laboral.

El escritor Sinay propone dejar de lado lo que él ha dado en definir como masculinidad tóxica .
Sentado en un bar céntrico, José Luis Raya (30) ensaya mil y una muecas para robarle una sonrisa a su pequeño hijo José Ignacio, de tres meses. “Cuido a Nacho desde que nació, así su mamá puede ir a trabajar, salir a tomar algo con sus amigas o ir de compras”, contó Raya. Este padre primerizo también cambia pañales y deleita a sus familiares y amigos con sabrosas paellas. Pero reconoce que no se anima a limpiar el desastre que deja después de cocinar.Los hombres tucumanos van cambiando lentamente sus hábitos machistas. El ámbito familiar, que antes era terreno exclusivo de las mujeres empieza a ser prioridad para los varones.Tareas hogareñas tales como cocinar, lavar y planchar la ropa, asistir a reuniones del colegio de los hijos, cuidarlos o llevarlos al médico son tan sólo algunas de las actividades en las que la nueva masculinidad se manifiesta. “No se trata de imitar a las mujeres, sino de hacerlo a su manera, sin resignar a sus características varoniles”, señaló Amelia del Sueldo Padilla, sexóloga.
Cambio de roles“Esta tendencia muestra que los hombres han dejado de ser sólo proveedores económicos de la familia para cumplir un rol mucho más activo, sensible a las necesidades del hogar. Esto se debe a la mayor participación de la mujer en el ámbito laboral, lo que obligó a las parejas a dividir las tareas de la casa”, aseguró Manuel Andújar, psicoanalista.Hasta hace poco tiempo era sinónimo de debilidad ver a un hombre demostrar sus sentimientos o emociones. Ser fuerte y duro ante todo tipo de situaciones era una requisito impuesto para ser “macho”. En su libro “La masculinidad tóxica”, Sergio Sinay, especialista en vínculos humanos, desmitifica este paradigma y describe un modelo masculino tóxico que domina en la política, en los negocios, en el deporte, en los vínculos humanos y en las relaciones familiares. “El hombre debe salir de ese viejo rol machista que cree que todo lo puede. Esto no lo deja crecer y contamina tanto su vida como la de los que tiene alrededor”, explicó Sinay, en una entrevista con LA GACETA.Pero en la actualidad el varón se permite cada vez más mostrar lo que siente, compartir más tiempo con sus hijos y hasta disfrutar de una conversación con un amigo o con su pareja tanto como si estuviera viendo la final de un mundial de fútbol con una cerveza en mano. Mostrar el lado más sensible también tiene sus ventajas a la hora de seducir. “Cocinar es más que una simple tarea hogareña, es una poderosa arma de seducción”, comentó Martín Westphal, amante del arte culinario. Los especialistas aseguran que las mujeres sienten mayor atracción por aquellos que son capaces de desarrollar actividades que antes eran impensadas para los varones. “Que mi novio me cocine o verlo cuidar a su sobrina me da mucha ternura, me fascina”, contó Agostina Palacios, de 25 años.
Mucho machoMuchos hombres del siglo XXI son capaces de entender a su compañera, interesándose por sus gustos y preferencias, buscando estabilidad y plenitud emocional en la pareja más allá del placer.Sinay criticó a quienes creen que un hombre se mide por su rendimiento sexual. “No podemos pasar la vida haciendo demostraciones sexuales. Hay que aprender a mostrar lo que verdaderamente somos y lo que podemos dar”, sentenció el autor. Los hombres también le dan un espacio privilegiado a la salud. Se realizan controles médicos periódicos, se cuidan en las comidas, van al gimnasio, consumen productos cosméticos y hasta se animan a pasar por el quirófano para mejorar su estética.Los expertos coinciden en que este cambio de actitud se da con fuerza en varones jóvenes, especialmente de entre 25 y 40 años. Pero como todo proceso es paulatino: “No se puede hablar de un cambio general”, aseveró Sinay. “Es un proceso lento, que cada hombre debe transitar. “No todos tienen el valor para hacer aquellas cosas que antes estaban prohibidas socialemente para un hombre”, explicó el profesional. Además, advirtió que en gran medida es tarea de las mujeres facilitarles la inserción a los hombres en este nuevo mundo.

Mujeres en busca de un nuevo humanismo

MUJERES EN BUSCA DE UN NUEVO HUMANISMO
Resumen del capítulo XI de este texto de Monserrat Roig, cuyo título es “Ciencia y antifeminismo” (Edit. Salvat, Col. Temas clave, nº 60)
La actual distribución de roles masculinos y femeninos no es universal ni
en el espacio ni en el tiempo. Así entre los habitantes de las islas Marque-
sas, las labores del hogar y el cuidado de los niños son propios de los hom-
bres . Entre los tasmanios, la caza era tarea femenina. Y los ejemplos pue-
den multiplicarse.

… A partir del siglo XVIII , la ciencia sustituye a la religión: ya no es Dios sino la Naturaleza lo que explica la subordinación de la mujer al mundo masculino. Rousseau, por ejemplo, escribía que “la mujer fue creada para ceder ante el hombre y tolerar sus injusticias”. Su proyecto pedagógico dividía la educación humana según sus roles sexuales. Y la educación de la mujer tendría que estar en función del hombre: “agradarle, serle útil, ser amada y honrada por él, educarle durante su juventud…”. Quedaba así definido el papel de la mujer: objeto de atracción sexual, de veneración, a la par que transmisora de los valores ideológicos vigentes en la socialización del niño.
… Este esquema ha permanecido ha sido corroborado por muchos modernos “sacerdotes de la tribu”, los científicos, los cuales han antepuesto sus prejuicios masculinos a la propia indagación científica. Quedaban atrás Aristóteles -que creía que el padre es el principio eficiente, la idea, lo que da forma, mientras que la madre es la materia, lo amorfo- o Santo Tomás de Aquino, que afirmaba que la mujer es algo deficiente y circunstancial… Darwin subrayaba la supuesta inferioridad de la mujer al afirmar que “la diferencia fundamental entre las facultades intelectuales de ambos sexos resulta sobradamente probada por los resultados obtenidos siempre superiores en el hombre que en la mujer”
… Así pues, el hombre estaba constituido física y mentalmente para la acción y el poder , mientras que la mujer, de constitución débil, era pasiva, tierna, y su función natural era el hogar…
… Surgieron también estudios anatómicos que afirmaban que “la mujer es un organismo retenido en un estado de permanente infantilización”, de ahí que se la considerase dominada, como los niños, por los sentimientos y, como ellos, deficiente en el poder de abstracción y síntesis.
… Herbert Spencer desarrolló la teoría de que la actividad intelectual era incompatible con la procreación y que la mente de la mujer se degradaba a medida que engendraba hijos. Algunos llegaron a definir a la mujer como un estado medio entre el antropoide y el hombre. Según estos científicos misóginos, la libertad de la mujer significaría la degradación de la especie humana, así que era importante preservarla de la contaminación de la cultura para que se mantuviera incólume dentro de los límites que le ha otorgado la Naturaleza. El error básico de estos científicos es que creían que la inteligencia es esencialmente masculina, de ahí que temieran la “masculinización” de la mujer si se desarrollaban sus facultades mentales. La mujer “sabia”, decían, olvida sus funciones de madre y compañera del hombre y pierde sus innatos encantos femeninos.
En Estados Unidos, algunos científicos han estudiado recientemente la interacción social en los grupos de primates y, al observar que las primates hembras son sumisas y pasivas, han colegido que son así porque pertenecen a la “naturaleza femenina”. Otros afirman que al tener hormonas sexuales diferentes, los hombres y las mujeres tienen desde que nacen un comportamiento distinto, pues las hormonas afectan al cerebro. Sin embargo los estudios antropológicos de Margaret Mead y otros demostraron precisamente lo contrario: que la organización social es variada y que existen sociedades donde las mujeres tienen un comportamiento activo y dedicado a la vida exterior. Otros científicos han afirmado que lo único distinto entre los sexos es su fisiología y que el comportamiento humano difiere por la situación social y cultural. Cualquier experiencia puede demostrar hipótesis contrapuestas, y las conclusiones de los científicos están determinadas por su aceptación o rechazo de la ideología dominante.

domingo, 1 de febrero de 2009

3.A favor de las diferencias


¿Qué opinas de este texto?













KANT: OBSERVACIONES ACERCA DEL SENTIMIENTO DE LO BELLO Y LO SUBLIME
(Resumen de la Sección Tercera)

En la Sección Tercera de este texto, cuyo título es “Acerca de lo sublime y de lo bello en la
relación recíproca de ambos sexos” se plantea Kant , como indica el título, las cualidades
específicas del hombre y la mujer: lo sublime y lo bello respectivamente.
“Cada sexo combina unas y otras (características) aún siendo de tal manera que todos los otros primores de una mujer deben agruparse únicamente para realzar el carácter de lo bello, que es su propio punto de referencia y, por otra parte se destaque claramente lo sublime entre las cualidades masculinas como la característica de su condición”
Esta diferencia es una diferencia natural. Prueba de ello es que…
“…ya en su infancia, las niñas disfrutan con ataviarse y se complacen con embellecerse. Son muy limpias y muy sensibles con respecto a todo lo que da asco… y esto a una edad en la que nuestra juventud masculina bien educada es todavía indómita, torpe y apocada”.
La inteligencia de uno y otro sexo es diferente.
“El bello sexo tiene sin duda también inteligencia como el masculino, sólo que es una inteligencia bella; la nuestra debe ser una inteligencia profunda, como expresión para significar lo mismo que sublime”.
Esta inteligencia bella, con la cual está dotada la mujer por naturaleza, podría evolucionar hacia una inteligencia profunda. En este caso el precio a pagar…
“Una reflexión profunda y un tratamiento largo y continuado son nobles pero pesados y no se corresponden bien con una persona en la que los atractivos naturales no deben mostrar otra cosa que no sea una naturaleza bella. Aprender un trabajo o cavilar con esfuerzo, aún cuando una mujer debiera progresar en ello, hacen desaparecer los primores que son propios de su sexo, y pueden convertirse en objeto de una fría admiración a causa de su rareza, pero debilita al mismo tiempo los encantos mediante los cuales ejercen ellas su gran poder sobre el otro sexo”.
Advierte Kant que es fundamental tener en cuenta las diferencias en las cualidades de uno y otro sexo en orden a la educación que deben recibir. Así, debe fomentarse en ellas las materias que desarrollen la sensibilidad como la pintura o la música, pero…
“…no en cuanto es arte, sino en cuanto manifiestan la sensibilidad, todo ello refina o realza el gusto de este sexo…No les conviene nunca una instrucción fría y especulativa, sí sensaciones en todo tiempo y precisamente de aquellas que se mantengan lo más cercanas posible a su relación con el otro sexo”
En consonancia con esto, las mujeres no deben estudiar ciencias.
“No tienen por qué llenarse la cabeza con batallas en Historia, ni con ciudades en Geografía, pues les sienta tan mal a ellas que hayan de oler a pólvora, como a los varones que huelan a almizcle”
Si estudian alguna ciencia, ello debe estar supeditado a destacar la belleza.
“Tampoco tendrán necesidad alguna de conocer sobre la estructura del Universo nada más que aquello imprescindible para hacerlas conmover el aspecto de una noche bella…”
El objeto de estudio propio de la mujer, dice Kant, es el hombre. Como ya supondréis no se refiere a un estudio teórico, una Antropología, sino a uno muy concreto…
“El contenido de la gran ciencia de la mujer es ante todo el ser humano y, entre los seres humanos, el varón. Su filosofía no consiste sutilizar, sino en sentir”.
En el ámbito de la moral consideraba Kant que una acción sólo es virtuosa si se hace “por deber”; es decir, porque consideramos que es nuestro deber realizar la acción y no por ningún otro motivo fuese o no egoísta. Pues bien, veamos las actitudes morales de uno y otro sexo.
“La virtud de la mujer es una virtud bella. La del sexo masculino debe ser una virtud noble. Las mujeres deben evitar el mal, no porque sea injusto, sino porque es feo, y las acciones virtuosas para ellas se consideran las que son moralmente bellas. Nada de deberes, nada de que es preciso, nada de obligatoriedad. A la mujer le resultan insoportables todos los mandatos y todas las presiones oscas”
La razón por la cual la naturaleza ha dotado a hombres y mujeres con cualidades opuestas es la atracción que ello genera.
“…por muchas vueltas que puedan darse en torno al misterio, la atracción entre los sexos está al fin y al cabo a la base de todos los demás atractivos, y siempre una mujer en cuanto mujer es el objeto agradable de una conversación de buenos modales”
“De esto hemos de inferir que los fines de la naturaleza tienden a ennoblecer aún más al hombre mediante la inclinación sexual y a embellecer aún más a la mujer precisamente por lo mismo. Una mujer no se preocupa gran cosa por no poseer ciertas inteligencias superiores, por ser tímida o por no estar impuesta para los negocios importantes, etc; es bella y conquista, eso basta. En cambio exige todas estas cualidades en el hombre y la sublimidad de su alma se muestra únicamente en que sabe apreciar estas nobles cualidades en la medida en que se encuentran en él…El hombre es, por otra parte, mucho más delicado con respecto a los bellos encantos de la mujer. Se considera resarcido de modo suficiente con su delicada figura, su jovial ingenuidad y su encantadora afabilidad, por la carencia de su instrucción literaria y de otras deficiencias que él ha de sustituir mediante sus propios talentos”
Estas cualidades opuestas son la causa no sólo de la atracción sino que están en la base de la unión matrimonial.
“En la vida matrimonial, la pareja unida debe constituir en cierto modo, una persona moral única, animada y regida por la inteligencia del hombre y por el gusto de la mujer”